Sara y Raúl son una pareja en la que brilla la fuerza y la intensidad. Casi siete años después de un inicio complejo están aquí para demostrar al mundo que son fuertes y se aman. Una relación que nace de forma inesperada y tras mucho tiempo de insistencia por parte del novio. Sara, fue la princesa que tardó en conquistar, fijaos si tardó, que para pasar más tiempo con ella hasta se hizo donante de sangre, ¿no es eso amor?

Ella, de un pueblo de Guadalajara, él, de un pueblo de Extremadura, juntos por un mismo vínculo: el amor puro.

El amor es esa fuerza que nos hace continuar en la vida. El amor es lo que nos hace tener ilusión por vivir, por caminar, por crecer, por dar vida.

Su mayor ilusión es ser papás, dar vida.  Ya estamos todos imaginando a Raul con el retoño en su todoterreno por el campo para ver los toros, hacer un picnic o disfrutar de un atardecer mientras que Sara le consiente con un montón de chuminadas y millones de besos. Porque estos dos jóvenes tienen amor que entregar.

El amor es naturaleza, la esencia de la experiencia humana y la emoción. Es la raíz de todo y todo lo que nosotros, como seres humanos, hacemos. El amor enriquece nuestra experiencia, y llena nuestra vida de significado. Esto nos da una base firme desde la que crecer, aprender y cambiar. En esta pareja hay creencias y magia. Lo tiene todo a favor.

Los amigos, los familiares de los novios son el mayor jurado que una pareja puede tener. Ellos analizan y dictan si uno es apto o no para continuar con la historia. Ana, Alicia y Delia como las amigas mas observadoras y por otro lado los amigos del novio, fueron testigos de esta conquista. Los familiares saben que esto se lleva a cabo porque es un paso de amor y no un trámite. Una boda íntima con la gente que de verdad importa.