Los votos de un hombre enamorado

Sí quiero que me manches las gafas cuando te enfadas.

Sí quiero que me castigues sin móvil. Tú. A mí.

Sí quiero ver cómo tu armario crece aún más rápido que tus followers, que ya es decir.

Y cómo el mío se hace cada vez más pequeño, irrelevante y monocromo.

Sí quiero abrazarte y que des esos saltitos de ilusión y rabia a la vez.

Sí, quiero que me sigas endosando tu copa de vino cuando no quieres beber más.

Y que hagas lo mismo con la comida.

Y que encima le hagas creer al camarero que fui yo quien no se la acabó.

Sí, quiero tu pasta de dientes siempre abierta y apretada por donde no toca.

Sí quiero todas tus lágrimas de felicidad. Las que tienes ahora y las que derramas hasta en los anuncios.

Sí, quiero mirarte a esos ojazos y flipar todavía de que me estén mirando a mí.

Sí quiero besar tus tatuajes. Todos. Aunque no estén hechos con mi letra.

Sí quiero Roma, sí quiero Santa Mónica, Sí quiero Nueva York.

Sí quiero estar prohibido en Las Vegas.

Y alucinar en Maldivas con algún chamán.

Pero también quiero Las Letras, Puigcerdà y Lesseps.

Sí quiero quedarnos dormidos en el mejor restaurante del mundo.

Pero también las fajitas que nos prepara Ems.

Sí quiero ruiditos de barriga. Y caras de culpabilidad.

Sí, quiero tu forma de jugar con mi hijo, de haberle hecho sentir lo importante que es, y vuestra forma de quereros, y echaros de menos, que ya es vuestra y de nadie más.

Sí, quiero cada una de nuestras reconciliaciones, porque siempre se producen un pasito más allá.

Sí, quiero que el más maduro sea el que más tiene que madurar.

Sí, quiero hacerte reír con mis achaques.

Y con mis manías.

Sí quiero tu manera de decirme que en realidad la vieja eres tú.

Sí, quiero los momentos duros, los malos, los que ya hemos tenido y los que vendrán.

Sí quiero aprender a quererte cada día un poquito mejor, que no más porque es imposible.

Sí, quiero seguir callando bocas a base de amor, de sexo y de amistad.

Sí quiero decirle al mundo que el amor no entiende de género, de raza o de religión, como tampoco le importa la edad.

Por todo eso me hace MUCHA gracia la pregunta de si quiero casarme contigo.

Porque el amor NUNCA pregunta.

El amor llega y te responde lo que ni te habrías atrevido a plantear.

Acaba con tus yo nunca, se carga tus yo jamás.

Por eso, sí quiero pasar el resto de mi vida contigo.

Porque no es que me sienta como en casa.

Porque es que cariño, mi SITA, mi casa… eres tú.

Fuente de publicación, ristomejide.com

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